Aún camina por mi barrio
un fantasma silencioso;
yo lo sigo, cauteloso,
le pido lo que ha robado:
cien gramos de corazón,
un par de ojos admirantes,
estos ojos caminantes
tras un rastro de pasión.
Aún se acerca a mi ventana
tu sonrisa congelada;
¡qué sonría, iluminada,
aunque no la vea mañana!
Invade todas mis horas
la tristeza de pensar
que me pongo a recordar
lo que aún no tiene historia.
Socavan mi alma idiota
las memorias que no han sido,
como arrancándole el nido
la tormenta a la gaviota.
y sueño que soy tu amante
y tu amor vive en mi sueño,
mas despierto sin ser dueño
de tu beso ni su instante.
Nenhum comentário:
Postar um comentário