Ahora los
meses
pasan sin
detenerse
en una
esquina en que las calles
y las
estaciones cambian su rumbo.
Ya no hay
esquinas,
no hay
calles,
pero, por
lo menos,
hay poesía.
Donde había
un río,
un lago
llenó su espacio.
Donde había
un cielo,
otro más grande
se ha extendido,
pero, por
lo menos,
su color no
ha cambiado.
Guillermo
Abraham
Brasília,
26 de mayo de 2013