Un abrazo gris
envuelve cálidamente
el caparazón de sal
que viste tu ser.
Una lluvia de palmas
cayó granizando
redoblando en los parches
de tus sueños.
Tus pupilas
no descubrieron
más verdes mares,
ni acarició más tus dedos
la aspereza de nuestra playa.
Qué más da
vivir en el gris
de nuestros abrazos,
si al final,
nos contemplaremos
en nuestros ensueños?
