Voy
corriendo como una gota de vino tinto
sobre una
espalda desnuda.
Bajo por la
ladera cubierta de luz
del verano
entrando por la ventana.
Pasearemos
nuestro encuentro no bautizado
por calles
inundadas
de fuego y
soledad,
de la
soledad quemante
que mi piel
ya bebió en otros tiempos,
y que esta
vez tuvo su copa llena
por una
vida vivida en un interminable segundo.
Ahora sos
sólo un sueño
que dormí
una tarde de verano.
Tus cartas
se han perdido en el inmenso viento
en el que
el océano roba los recuerdos.
Ahora que
quedó inconcluso
el tango
que bailamos en oscuro fondo de la vida,
sólo resta
esperar una nueva confluencia
de nuestros
pasos bajo el quieto sol porteño.
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