quinta-feira, 17 de maio de 2012

No te alejes, morena

No te alejes, morena,
yendo hacia el mar
donde la sal de la vida
borra la dulzura del amor.
Tal vez sea mi temor
de que las rosas muestren
su semilla salada,
o sea sólo el fantasma
del desencanto de no encontrar
dulce sabor en los pétalos.
Pero, aún así, no te alejes;
dejá que las olas bañen
tus pies sedientos de caminos,
y dejá que me acueste en la arena
y contemple tu espalda de canela.
Y, cuando esté seguro
de que no sos una nube perfumada
de espuma del mar,
mis dedos, como peces,
buscarán las olas de tu cabello,
y, si vos me mirás,
te prometo que no actuaré
ni haré nada para impresionarte.
Ya no querré tu impresión,
sino la luz que no brota
en la sal de las piedras.
No bailaré para vos,
porque quiero que vos bailes conmigo,
y que tus manos monten en las mías
como caballos de mar.
Y ya no te pediré que no te alejes, morena,
sino que te acerques
para saborear tus pétalos,
aún amargos o salados,
que yo beberé entre ellos
la dulzura del amor.

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